Iba yo caminado por la
orilla del mar admirando la inmensidad del cielo. Está de color gris como el domingo pasado pero hoy que lo miro, se encuentra así desde las primeras horas. La niebla que cubría el malecób, se hacía presente también y
con el frío que calaba mi ser a cada instante, se escuchaba el ulular del viento... ¡Qué clima tan espantoso!
Pero como si fuera ayer, me acordé de tu nombre. Eran tal vez los recuerdos que marcaban
nuestras fronteras, los que nos hacía flamear la ingratitud de sus banderas y que buscaban los destinos inciertos pero convertidos ahora, en solo cenizas. ¿Fueron los afectos y el amor que me prodigabas? No lo sé. Quizá son los que no
tuvieron sosiego o fueron mis besos que nunca tuvieron respiro, no lo
entiendo. Yo solo sabía que esos enredos, solamente los guardaba tu corazón.
¿Te darías cuenta que de esa
manera el amor regresaría a nisotros por siempre? ¿Sería el mar que nos traería
esperanzas aun cuando no viviéramos? Tú lo esperarías impaciente en el fragor de la tormenta pero yo, ya no creo esas
cosas porque aquel me hizo entender que en un tiempo no muy lejano, no dejaría inconcluso el interés de poder verte.
Pero tú buscaste en la
soledad de tu vida, la verdad del conocimiento y en las arenas del saber se encontraron
las pisadas de tu largo peregrinaje por el camino de las fábulas. Falso resultó
el interés por tu modo de pensar y por las reliquias abiertas de los ingenuos que intentaron ir sin corazón, al cielo. Vano fue también buscar entre los
muertos la vida y el amor de un jilguero porque es imposible encontrarlo en la lógica y en
el destierro..
Fue entonces que volaste
como la gaviota para buscar el sustento y recobrar así tu conocido
arrobamiento. Pero no te diste cuenta o no quisiste oír al portento que en las idas del tiempo, ya no encontrarías más a tu vida y
a tu momento. Tampoco verás a mis sombras que te asustaban como un carcelero
y ni aún siquiera mis cálidos sentimientos. ¡Piénsalo otra vez!
Roque
Puell López - Lavalle
